viernes, diciembre 15, 2006

 

Las formas sí son importantes

Actualmente parece ser que las formas no son importantes. No sabemos ya muy bien dónde está la frontera entre la mala educación y el saber estar. Yo creo que todo se resume en las formas.
Por ejemplo, el otro día estaba en el médico y cedí mi turno a una señora mayor recién operada de una pierna porque yo no tenía prisa y me pareció que a ella ese cuarto de hora sí le aliviaría. Bueno, pues aún estoy esperando que la nieta que la acompañaba o su hija que entró después me dieran las gracias.
En el trabajo es bueno crear un clima óptimo y relajante de trabajo y eso a veces se consigue tan sólo practicando las buenas formas. Es decir, dando los buenos días y despidiéndose cuando uno se va de los sitios, saludar al compañero que te cruzas por el pasillo o en la máquina de café, pidiendo las cosas por favor y dando las gracias cuando efectivamente alguien te ha hecho ese "favorcillo". Esto que a primera vista debería ser algo cotidiano obviament no lo es o yo no estaría escribiendo sobre ello en el blog.
El turno de la cola del supermercado, y esto va dirigido a los abuelos que por jubilados tienen más tiempo que yo, no se exije, se pide por favor si te dejan pasar porque sólo llevas una cosa y si te dicen que no pues te aguantas y entiendes que la señora de delante lleva hora y media intentado hacer la compra de la semana mientras vigila a los peques porque no los ha podido dejar con ningún abuelo tan ocioso.
Y por último, dentro del capítulo de los ejemplos, llegamos al terreno más abonado para las malas formas: los amigos. Porque, claro, ya se sabe que la confianza da asco y que como tú eres mi amgo, pues eso que te vas a comer lo que yo te diga cuando yo quiera.
Yo suelo tener bastante aguante. Sólo hay dos cosas que me cabrean considerablemente. Una, es que las parejas me monten esceneas.
Nunca lo he entendido y lo encuentro de un mal gusto terrible. Ya saben a qué me refiero. Estamos todos cenando tan contentos y en un momento dado uno de ellos hace un comentario desafortunado que todos intentamos hacer ver como que no lo hemos oído. Pero, la pareja correspondiente, no. Y ya está líada. El tono va subiendo, llegan los reproches, los gritos y tú te encuentras en mitad de una escena tipo Atracción fatal, sin saber cómo ha sido. total, que te joden la noche y todo el mundo a su casa.
La segunda es que si no vas a llegar...avisa. Yo llego tarde a los sitios. Mis amigos lo saben. Es un vicio que intento corregir cada día. Y a veces hasta lo consigo. Pero, claro, hay tardanzas y caraduras. Notmalmente, yo, si veo que en diez minutos no llego que creo es el tiempo de márgen máximo que se debe dar, llamo: oye, que estoy en camino, perdona, hace mucho que esperas? pues mira estoy a la altura de...
Pero no, está el típico que en pleno mes de enero te deja tres cuartos de hora tirado en una calle peatonal del centro de la ciudad, para que así la humillación sea completa, y de paso se te hielen los muñones. Y que si quieres arroz Catalina. Porque encima vas a tener que llamar tú: oye, qué pasa? que llevo tanto rato esperando que ya me han preguntado a cuánto cobro la hora. Y el otro va y te contesta, que bueno que tampoco es para tanto, que ahora sale de casa que se le ha hecho tarde descargando no se qué mierda del emule. En casa? Pero es que aún estás en casa, pedazo de cabró? Pues sabes que te digo, que la próxima vez si acaso ya paso por tu casa a buscarte y seguro que acierto.
En fin, las formas sí son importantes. De hecho creo que estas pequeñas cosas son las que hacen que el mundo realmente sea mejor, y de paso también nos mejora a nostros.

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