martes, marzo 13, 2007
Prohibir
Primero fue un queso de tetilla.... hace años, no sé si se acordarán. Después fue el pecho de Janet Jackson. Ahora le ha tocado a dos casas italianas de haute couture que no nombraré para no hacerles propaganda, aunque a estas alturas les aseguro que tampoco lo necesitan.
Resulta que hay gente bienintencionada que se preocupa muchísimo por nosotros y asegura que es totalmente necesario censurar tales imágenes. Habrase visto por dios semejante inquina!!!.
Que si la mujer sale en una posición sumisa rodeada de hombres dispouestos a beneficiársela uno tras otro hasta saciarse. Que si en la otra foto unos tíos arrabaleros miran con deseo a un tercero con afán de crujírselo. Que si las dos niñas tailandesas incitan al turismo sexual. Que qué imagen estamos dando a nuestros hijos. Que si se vulnera la imagen de la mujer. Que si el colectivo gay también se siente ofendido...bla, bla, bla.
Hay que ser gilipollas! ¿Tiene límites la estupidez?
Seguro que sí, pero aún no hemos llegado, porque políticamente correcto lo preña todo, incluída la idiotez.
Una de las razones esgrimidas para tal censura es el efecto dañino que pueden causar en nuestra juventud. Una juventud que está saliendo, eso sí, prácticamente analfabeta, incluso de la universidad. Una juventud que no consigue ni trabajo, ni sueldo, ni techo, pero que por otra parte está atrapada en una sociedad tremendamente hostil y competitiva que educa en los valores del consumismo más salvaje:"consume y serás feliz".
Otra razón es la vulnerabilidad de los derechos de la mujer. Permítanme que aquí me ría un poco por lo que de mujer me atañe. Porque, claro, la mujer es reducida a un mero objeto sexual. Nos ha jodido! Pues entonces nos vamos a quedar sin anuncios en los medios de comunicación: perfumes, coches, detergentes, cosméticos...
En fin, supongo que es más fácil prohibir que ponerse a trabajar. Cuando se prohíbe el problema parece resuelto y además se recauda. Magnífico.
Y además tienes a un montón de pseudoperiodistas y opinadores oficiales del reino repartidos por todos lados dando su incusestionable versión de los hechos como si eso le importara una mierda a alguien.
Yo estoy más por una línea tipo Groucho Marx y diría prohibamos el prohibir y consigamos una sociedad adulta, educada y por consiguiente libre que decida qué quiere y que no. Sin mojigatería, hipocresía ni, por supuesto, censura.
Casi ná.
Resulta que hay gente bienintencionada que se preocupa muchísimo por nosotros y asegura que es totalmente necesario censurar tales imágenes. Habrase visto por dios semejante inquina!!!.
Que si la mujer sale en una posición sumisa rodeada de hombres dispouestos a beneficiársela uno tras otro hasta saciarse. Que si en la otra foto unos tíos arrabaleros miran con deseo a un tercero con afán de crujírselo. Que si las dos niñas tailandesas incitan al turismo sexual. Que qué imagen estamos dando a nuestros hijos. Que si se vulnera la imagen de la mujer. Que si el colectivo gay también se siente ofendido...bla, bla, bla.
Hay que ser gilipollas! ¿Tiene límites la estupidez?
Seguro que sí, pero aún no hemos llegado, porque políticamente correcto lo preña todo, incluída la idiotez.
Una de las razones esgrimidas para tal censura es el efecto dañino que pueden causar en nuestra juventud. Una juventud que está saliendo, eso sí, prácticamente analfabeta, incluso de la universidad. Una juventud que no consigue ni trabajo, ni sueldo, ni techo, pero que por otra parte está atrapada en una sociedad tremendamente hostil y competitiva que educa en los valores del consumismo más salvaje:"consume y serás feliz".
Otra razón es la vulnerabilidad de los derechos de la mujer. Permítanme que aquí me ría un poco por lo que de mujer me atañe. Porque, claro, la mujer es reducida a un mero objeto sexual. Nos ha jodido! Pues entonces nos vamos a quedar sin anuncios en los medios de comunicación: perfumes, coches, detergentes, cosméticos...
En fin, supongo que es más fácil prohibir que ponerse a trabajar. Cuando se prohíbe el problema parece resuelto y además se recauda. Magnífico.
Y además tienes a un montón de pseudoperiodistas y opinadores oficiales del reino repartidos por todos lados dando su incusestionable versión de los hechos como si eso le importara una mierda a alguien.
Yo estoy más por una línea tipo Groucho Marx y diría prohibamos el prohibir y consigamos una sociedad adulta, educada y por consiguiente libre que decida qué quiere y que no. Sin mojigatería, hipocresía ni, por supuesto, censura.
Casi ná.
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